Hasta ahí, casi todo eran buenas noticias. Willis y buena parte de los titulares se marcharon tras esa primera serie. Entró Quinn Ewers. Y el partido de Miami cambió por completo.


Ewers nunca encontró ritmo: 1/8, 27 yardas y una INT. Tuvo poca ayuda, protección deficiente, algún drop y desajustes con sus receptores; pero también dejó malos lanzamientos y una sensación preocupante: el juego parecía ir demasiado rápido para él.